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El secreto del fin del mundo

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Por Keki González Cuando me llené de odio tuve que callarme. Aunque grité demasiado, pero ya era inútil. ¿De qué servía descargarse? No hice nada. Nunca hice nada. No se puede hacer nada para olvidar. Mi veneno era solo para mí ya que no tenía adeptos al plan inexistente de lucha. Un plan de nada, de tirar toda idea por la borda. Olvidarse de los días en que uno fue feliz, de esos trámites de familia y esas ganas de la elección de la soledad, porque uno pensaba que allí había algo. Pero ahí no hay nada, eso, se los aseguro. Ahora lo sé. Me acuerdo que me vi todas esas películas del fin del mundo. Invasiones marcianas, deshielos, inundaciones con hombres con escamas, un hombre que queda solo con un perrito y zombies. Otro hincha de San Lorenzo que queda solo con su hijo en la carretera y más. En algo me parecía a este último, pero no tenía hijos. Ni perro. No tenía más que un nombre. Eso era peor. Tener una palabra y no saber qué hacer con ella. Ahora entiendo el oficio d...

Crónicas napolitanas

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Por Gustavo Calandra XVI histéresis . ( Fìs .) Tendencia de un material a conservar una de sus propiedades, en ausencia del estímulo que la ha generado.  Cuando se siembran en el campo semántico palabras como “guerra”, “enemigo”, “campo de batalla” para hablar sobre la pandemia, se corre un riesgo importante porque la cosecha será un léxico militar.  Allora regresamos del paseo diario con Chicha –siempre utilizando caminos diferentes de acceso a las plazas para evitar la “recomendación” vigilante– con alguna busta de compras. Antes de entrar dejo fuera el “uniforme de combate”: ropa y calzado que utilizo para salir que si no paseo por il palazzo .   Indosso abiti sportivi cuando estoy en mi “trinchera”. Me pongo la piel azul y amarilla de Atlanta o la celeste di Napoli. Divento un jugador solitario en la concentración previa a un partido que nunca se jugará. O forse… forza .  Mi faccio un feca. Más por el olor y el vaporcito de vidrios empa...

Crónicas napolitanas

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Por Gustavo Calandra XIII La repetición mecánica de los ritos produce un aplanamiento de la rutina al punto de levantarme y ni siquiera saber si es viernes, sábado o martes. Por suerte, bajo la ventana de la cocina -desde la cuál cierto privilegio cósmico me permite ver y saludar al Vesuvio al aggiornarme- un señor toca el acordeón para los vecinos, a cambio de una moneda o qualcosa di cibo. Sus notas llenan il palazzo. Es mezzogiorno. Se vienen las fritangas, el ajo, las especias. En la radio comienzan a surgir cuestionamentos, llamadas y audios incómodos de oyentes descontentos,  acerca de las restricciones, de imposibilidades, de desplazarse libremente. Habrá un desafío psicológico. La sfida degli altri. Se exaspera poco a poco la convivencia cotidiana.  Aún más cuando son recluídxs niñxs en espacios reducidos. Vecinxs espías buchonean. ¿Cuánto dura la guita si falta el trabajo? ¿Cuántos juegos se improvisan sin los recursos tecnológicos? Basta il c...

Crónicas napolitanas

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Por Gustavo Calandra X  Catálogo de máscaras en ciudad fantasma.  Imposible no tener una reminiscencia de  El Eternauta  para empezar. Aunque lo cierto es que antes de la cuarentena y del primer caso en un  ospedale , sucedido a un médico, ya avisaban los carteles farmacéuticos que  non ci sono delle mascarine . Siempre existe quien lucra con la desgracia ajena. Dopo se hallarán 20.000 encanutados para reventa. Infatti  me cuenta la profe Mirtha que en Buenos Aires llegan a pedir hasta 30 lucas.  Hubo que improvisar y reemplazarlas por otras alternativas: bufandas, cuellospolar, palestinos, verdugos, pañuelos ondallanerosolitario, retazos de tela con un cordón, protectores bucales, máscaras antigás, un antifaz. En el medio de la piazza los borrachines se pasan un faso y el cartón ronda de vino áspero y camorrero  Algunas parecen muy costosas, con válvulas a los costados y por qué no música funcional. Otras t...

Crónicas napolitanas

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Por Gustavo Calandra VII   Mezzanotte del 4-3 regresamos lungo viaggio desde Capizzi, Messina, el paese de la familia.  Cuánto recorrido para ver a ese supuesto tío o primo lejano. Cuánta mística.   Dunque : camioneta a Sant’ Agata Militello, tren a Messina Centrale, alíscafo a Reggio Calabria, tren a Napoli Centrale con combinación en Paola. Ah, scusatemi y tren por una stazione a Piazza Cavour.  Todo había comenzado el jueves anterior pero eso quedará para otro mosaico partenopeo con gusto a siciliano.  Un día antes el 3-3 se cumplían 76 años de la mayor tragedia ferroviaria en Italia: il disastro dimenticato di Balvano en 1944, donde mueren más de 500 personas. El veneno de la desidia y la intoxicación. Imposible sustraerse a tanta tristeza y desolación.  En una semana la cittá ha cambiado: escuelas, universidades, cines, teatros, gimnasios, centros culturales, t utto chiuso. La pandemia del Coronavirus acecha como una somb...

La fuente y los simios

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Por Fabio Crisanti Fabio Crisanti toma la antología de  Proverbios budistas japoneses  de Lafcadio Hearn (editada por Interzona -2013-, traducción de José Manuel Recillas) para presentarnos LA FUENTE Y LOS SIMIOS, un ensayo fotográfico que reúne una serie de obras de más de 20 años de antigüedad producidas en la ciudad de Buenos Aires durante la década de los 90.

Crónicas napolitanas

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Por Gustavo Calandra IV   “Esta es la casa mis sueños, al fin he conseguido una stanza silenciosa”, diceva Giancá en una de las conversaciones telefónicas que tuvimos previa a mi llegada. En una ciudad ruidosa como Napoli puede ser un privilegio. A mí quello me daba vuelta en la cabeza ni bien me asomaba a mi largo y estrecho balcón sobre la calle Bulnes, oía el rumor de los primeros afterofficers que ocupaban los bancos en la vereda del kiosquito y ya pedían la primera pinta, sabiendo que no sería la única pinta ni serían los únicos afterofficers que se apersonarían en autos motos taxis, hasta no solo colmar los asientos y la vereda sino también el cordón, improvisando una especie de picnic urbano, residuo tardío, tal vez, de una infancia privada de esas experiencias arrabaleras, rateadas, truqueadas en la lleca, el 25, un rinraje, una niñez de rodillas raspadas. Así anochecía en mi Buenosairesqueridocuandoyotevuelvaver.   Aquí es diferente. Di notte este...